viernes, 25 de enero de 2008

jueves, 24 de enero de 2008

Un mejor detalle

El osito Quique estaba enamorado. Lo había cautivado perdidamente una osa de una pradera cercana. Un día Quique se animo a preguntarle su nombre. Se llama Crystal, se lo repetía constantemente todas las noches desde que sabia como llamarla. Un día el oso Quique decidió ir a visitarla a su cueva. A Crystal le gusto mucho el gesto, le pareció lindo de su parte y a partir de ahí se siguieron frecuentando. El oso Quique estaba enamorado. Crystal empezaba a sentir algo muy bonito en su corazón por el gordito de Quique. Quique como ya lo dije era gordito, los ojos muy grandes y estaba chimuelo. No era un oso apuesto pero era bastante simpático. Un día el oso quique decidió declararle su amor a Crystal. Crystal dijo que también lo amaba y partir de entonces ellos comenzaron a andar. El oso quique se volvió un detallista irremediable. Le llevaba a Crystal flores silvestres, frutas, curiosidades que se encontraba en el bosque como bichos raros y piedras preciosas. A Crystal eso le encantaba de Quique. Quique encantado con maravillarla. Un día Quique amaneció triste. Crystal fue a preguntarle que tenia pero Quique no quiso decir nada. Crystal le dijo estar preocupada. Quique solo asintió y respondió estar preocupado también. Crystal no lo entendía y pidió una explicación mas clara. Quique dijo que como buen amante de los detalles gozaba también de recibirlos. Le gustaban de igual manera las flores silvestres, las frutas y las curiosidades que se encontraban en el bosque como bichos raros y piedras preciosas. Crystal se avivo al momento y fue en busca de un gran detalle para Quique. Quique espero, y espero, y espero. Se quedo profundamente dormido justo cuando llegaba Crystal. Crystal despertó a Quique con un gran beso en la frente. Quique buscaba su detalle pero no veía nada. Quique pregunto por el y Crystal le dijo que no había encontrado nada tan maravilloso que fuera digno de tu amor, que el detalle mas lindo que ella podía tener con el era quererlo, que su regalo mas fino y puro estaba dentro de su corazón. Quique lloro un momento y abrazo a Crystal. Se dieron un largo beso y confesaron que se amaban.

jueves, 17 de enero de 2008

Sin título

Empólvese Tijuana.
Atavíense rincones con arañas y telas blancas.
Prostíbulos, gandules, burro cebra,
olviden pronto la esencia que los envolvió.

Púdrase el votox, la cocaína y la hierba.
Desdibújense las calles
al intenso devenir del carnaval
en la frontera.

Trasfórmate urbe amorfa,
prométeme que serás siempre otra,
más el amor que hasta ti me ha llevado
nunca cambie por congojas,
nunca sosegado, derruido o atacado
por penas que lo estocan.

Avivante primer rincón del norte,
mi
Tijuana make´s me happy
cuida de ella mientras vuelvo
y mas happy me harás tú.

martes, 15 de enero de 2008

La mujer rosa y el cirquero gris , 1941. Raúl Anguiano (1915 - 2006)


En esta tragicómica escena de Raúl Anguiano, tres miembros de un grupo circense actúan sobre la acera, frente a una pared desnuda. Con largos cabellos y un ajustado traje rosa, una acróbata se balancea sobre un pie, sobre el tenso abdomen de un contorsionista. A la derecha, el maquillaje de un payaso ataviado como Arlequín le imprime una mueca de tristeza; lleva un megáfono para anunciar la presentación pero no hay público que observe el patético espectáculo. En estas imágenes de la vida moderna de la urbe Anguiano despliega escenas más informales que las del circo itinerante, como las que pintaba María Izquierdo. En Saltimbanquis (1941, colección Lance Aaron), el pintor presenta a un malabarista, un payaso y a otro personaje desesperanzado, sentados sobre el piso, con un plato de hojalata vacío, sin monedas ni comida. En otra composición más compleja, conocida como Acróbatas (1941, colección particular), un payaso con megáfono en mano, un malabarista sosteniendo un plato con la barbilla y otro payaso con el mismo plato de hojalata, están de pie en la calle, mientras los observa un público de trabajadores más bien desalentador, de su misma clase social. A pesar de las sonrisas pintadas, en ninguna de estas obras parece haber alguien que se divierta. Es indudable que aquí Anguiano se inspiró en el Picasso de 1905. Ambos artistas comparten una mirada trágica sobre esta forma de vida, que supone un escape de las restricciones sociales, pero que en realidad esconde más sufrimiento que alegría de vivir. Anguiano parece interesarse en particular en las imágenes de proletariado y en sus diversiones, aquéllas que refieren a una realidad elemental, pero cuyo atractivo es el mismo que lleva a la elite a la cantina y al prostíbulo, a la crudeza del boxeo, a la contemplación de la pobreza y al morbo por la tragedia.

domingo, 13 de enero de 2008

Poema de una mujer que se cocinaba a ella misma o de un trabajador de caminos suicidándose en la carretera.

A todas las mandarinas:
Salió,
va a la escalera,
cayó
y no llegó a la puerta de un periplo sin retorno.
Refrescar,
se siente como una cascada perfecta en el verano
entre gatos de arrabales y público muy fino.
Un traje espacial.
Antítesis sin opuestos.
Muestra mi cabeza cortada si te complace
pero me relajaré mientras exista y fin…