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domingo, 10 de febrero de 2008
viernes, 8 de febrero de 2008
Tu sueño, mi sueño
Para Crystal, por seis meses de vida.
Primera noche
Casi 5:40 de la mañana, el sol iba apareciendo. Crystal se acerco a la ventana y cerró las cortinas mas anchas. No había dormido ni un segundo esa noche, el frió tan intenso le agudizaba el dolor de la rodilla. Pronto tapo con la manta su cuerpo y se acurruco entre los brazos de su acompañante que esa noche la siguió despierto. Eran breves los silencios, interrumpidos bruscamente por los alaridos de la quejosa. Dos horas antes se había administrado analgésicos y apenas venían los efectos. Todo se apaciguo de repente y la joven quedo dormida.
Era ya media tarde, de alguna forma se encontraba en casa de su hermana, no sabia como. Sentada en un sillón maloliente de cuero, parecía que esperaba a alguien. Tenia la mirada perdida entre algún rincón de la puerta principal que le quedaba al frente. Era una puerta cualquiera, color blanco, oxidada, cuatro ventanitas de vidrios borrosos pero brillantes.
Bajo en un santiamén la cabeza al sentir una punzada donde se dobla la pierna -Este maldito frió- pensó ella -me falta la rodillera-. Se levanto de ese asiento con esfuerzo y un poco de dolor. Caminó hacia las escaleras mirando de reojo las ventanas de la puerta que ofrecía un nuevo reflejo de luz violeta, era cambiante y tenía movimiento, se dibujaban extrañas figuras.
Llena de curiosidad se aproximo a la puerta, la tomo de la chapa e inició a abrirla. Salio pisando despacio directo a saciar sus dudas, presto atención e inmediatamente se hizo un silencio que fue roto con el estruendoso sonido de una ola chocando con el oído. Después de la puerta continuaban un par de escalones hacia abajo, luego, para su sorpresa, ya no estaba la banqueta ni el naranjo de la acera, las casas cercanas habían desaparecido y ni siquiera estaba en su lugar el campanario de la iglesia principal que siempre se veía desde todas partes. En lugar de eso, había un océano inmenso de color lila, tranquilo, inmóvil. A lo lejos, muy a lo lejos, se observaba el horizonte que dejaba al descubierto la curvatura de la tierra. Posado sobre ese líquido había un cielo de tonalidades rojas y marrones. Mientras más allá alcanzara la mirada, los colores eran más oscuros, mientras menos, eran mucho más claros.
De pronto, en alguna parte, se escuchó un disparo, ella no tuvo ganas de voltear, seguía observando el paisaje. Un pedazo de algo paso al frente de sus ojos tan rápido que la ráfaga de viento que traía consigo le alcanzo a mover el pelo. Siguió maravillada, pero pronto explotaron más disparos. Preocupada, volteó a su alrededor tratando de ver de donde venían aquellos estruendos. No había ni la mínima evidencia de que algo los produjera. Sin darse cuenta, una de esas cosas que surcaba el aire se incrusto en su rodilla. Sangraba exageradamente, pareciera que Crystal era una delicada bolsa de agua atravesada por un alfiler. Cayo al océano, no podía sostenerse más, el dolor era insoportable.
Dentro del agua se sorprendió de no sentirse mojada, de poder seguir abriendo los ojos y aspirar aire normalmente. Flotaba en un vació absoluto carente de gravedad y de peso. Aquello que se adentro en su rodilla, salio lentamente, era un minúsculo colibrí color magenta de una sola ala. No era ninguna bala, pero producía el mismo sonido de cuando estas son disparadas. Llevaba algo en el hocico que había arrancado del cuerpo de ella. Adivinó. Era el dolor que tenia su rodilla en ocasiones, y que con la salida del ave, este se había ido con ella. Todo se ilumino de a poco, había despegado sus parpados y estaba despertando.
Era ya media tarde, de alguna forma se encontraba en casa de su hermana, no sabia como. Sentada en un sillón maloliente de cuero, parecía que esperaba a alguien. Tenia la mirada perdida entre algún rincón de la puerta principal que le quedaba al frente. Era una puerta cualquiera, color blanco, oxidada, cuatro ventanitas de vidrios borrosos pero brillantes.
Bajo en un santiamén la cabeza al sentir una punzada donde se dobla la pierna -Este maldito frió- pensó ella -me falta la rodillera-. Se levanto de ese asiento con esfuerzo y un poco de dolor. Caminó hacia las escaleras mirando de reojo las ventanas de la puerta que ofrecía un nuevo reflejo de luz violeta, era cambiante y tenía movimiento, se dibujaban extrañas figuras.
Llena de curiosidad se aproximo a la puerta, la tomo de la chapa e inició a abrirla. Salio pisando despacio directo a saciar sus dudas, presto atención e inmediatamente se hizo un silencio que fue roto con el estruendoso sonido de una ola chocando con el oído. Después de la puerta continuaban un par de escalones hacia abajo, luego, para su sorpresa, ya no estaba la banqueta ni el naranjo de la acera, las casas cercanas habían desaparecido y ni siquiera estaba en su lugar el campanario de la iglesia principal que siempre se veía desde todas partes. En lugar de eso, había un océano inmenso de color lila, tranquilo, inmóvil. A lo lejos, muy a lo lejos, se observaba el horizonte que dejaba al descubierto la curvatura de la tierra. Posado sobre ese líquido había un cielo de tonalidades rojas y marrones. Mientras más allá alcanzara la mirada, los colores eran más oscuros, mientras menos, eran mucho más claros.
De pronto, en alguna parte, se escuchó un disparo, ella no tuvo ganas de voltear, seguía observando el paisaje. Un pedazo de algo paso al frente de sus ojos tan rápido que la ráfaga de viento que traía consigo le alcanzo a mover el pelo. Siguió maravillada, pero pronto explotaron más disparos. Preocupada, volteó a su alrededor tratando de ver de donde venían aquellos estruendos. No había ni la mínima evidencia de que algo los produjera. Sin darse cuenta, una de esas cosas que surcaba el aire se incrusto en su rodilla. Sangraba exageradamente, pareciera que Crystal era una delicada bolsa de agua atravesada por un alfiler. Cayo al océano, no podía sostenerse más, el dolor era insoportable.
Dentro del agua se sorprendió de no sentirse mojada, de poder seguir abriendo los ojos y aspirar aire normalmente. Flotaba en un vació absoluto carente de gravedad y de peso. Aquello que se adentro en su rodilla, salio lentamente, era un minúsculo colibrí color magenta de una sola ala. No era ninguna bala, pero producía el mismo sonido de cuando estas son disparadas. Llevaba algo en el hocico que había arrancado del cuerpo de ella. Adivinó. Era el dolor que tenia su rodilla en ocasiones, y que con la salida del ave, este se había ido con ella. Todo se ilumino de a poco, había despegado sus parpados y estaba despertando.
Segunda noche
Mostró su boca al espejo, miro el daño que sus braquetes le provocaban, sangraba poco pero no le gustaba que sus mejoras le produjeran nuevos daños. -¿Te lastima?– Preguntó quien estaba con ella -Si, un poco. A mi todo me pasa-. Crystal se acomodo cerca de quien le preguntaba y él comenzó a acariciarle el pelo pensando que el pasar los dedos por su cabeza mitigaría su descontento por el mal trabajo del odontólogo.
De pronto y sin necesidad de la aparición de una temática previa que los llevara a ese dialogo, ella preguntó: ¿Por qué te fijaste en mí? ¿Por qué te intereso tanto? A lo que respondió: Hubo tanto en tí que buscaba, que el no maravillarme fue imposible. Primero tu alegría, el raro virus que tienes propagador del gozo. Tu sonrisa inagotable, ese esbozo de júbilo que me animaba desde tu rostro. Luego fueron ese par de encantos que tienes por ojos. Tú mirada apacible, tranquilizadora, un atisbo que recuerda como observan al amado. Recuerdo la primera noche que pensé en ti, eras como un sueño aún estando despierto. Era ilusionarme con tus manos que yo como espantajo jamás podría asir. Era mandar besos al viento imaginando tener tu mejilla al frente. Después me deleitó tu cuerpo al mostrar sus provocativas líneas que lo hacían irresistible. De un instante al otro, surgió dentro de mí la más sublime felicidad que mi ser haya experimentado, la que me impulsaba a ti, la abría mi boca para expresar admiración, la que… -Crystal quedo acurrucada entre los brazos de Morfeo, sin embargo, su compañero, abordado por la impotencia y por sollozos incontrolables, continúo diciendo:…me llevo a amarte. ¡Cuanto te amo! Eres para mí el universo infinito. Entre lágrima y gemido, su acompañante susurro una historia al oído de Crystal…
Allá, a la mitad de la mesa, un vaso color azul pastel, lo acababan de llenar con agua. Con el calor que hacia era indispensable refrescarse. Su madre, se ofreció a servir los hielos mientras Crystal llenaba más vasos, termino y se retiro a su cuarto, tenía trabajo pendiente. Por su parte la sobrante se quedo, tomo su vaso, se acerco a la tarja y se sentó sobre de ella. Apenas dio un sorbo al agua cuando retiro su vaso sorprendida y asqueada, se había percatado que dentro de un cubo helado había un pequeño insecto de muchas patas. Se levanto y tiro eso por la coladera, los hielos seguían allí, eran lo bastante grandes como para no caber por ese agujero. Crystal tenía la curiosidad de saber que se había interpuesto entre su sed y un sabroso vaso de agua. Se acerco y dio cuenta que aquello no era un horrible bicho, era negro y tenia forma de una pequeña flor. No lo podía creer. Abrió la llave del agua caliente para derretir aquello, y saber rápidamente de que trataba todo. Conforme el agua causaba estragos sobre aquel ya deforme cubo, los pétalos de la pequeña flor se iban agrandando. Suponía que con el frió las plantas podían encogerse entonces todo aquello podría tener un sentido lógico. Cuando el bloque de agua termino por deshacerse, la flor estaba enorme, media unos 25 o 30 centímetros, era una rosa de color negro. La retiro de la tarja y se la llevo a la mesa que estaba junto. Arrimo una silla y se puso a contemplarla. Tenía tantas dudas y estaba tan maravillada que olvido hablar a todos para contarles. Apenas pronuncio palabra, gritó a su familia que estaba regada por toda la casa, nadie se acercó pero le importo poco. ¿Qué aroma tendrá?, preguntó. Se reclinó un poco y pronto percibió su olor, era chocolate. No pudo evitarlo y rápido zambullo sus dientes en la flor. Sabia muy bien, era muy dulce, pero no empalagosa, sabia a nuez, a leche, cacao, a almendra y café, a miel con vino tinto, sabía a todo. Conforme deleitaba el bocado los braquetes de Crystal se fueron desprendiendo uno a uno, al tiempo que las molestias se desvanecían. La mordida a la flor había retirado todas las molestias de su boca.
…las lágrimas sosegaron y el acompañante agotado se dispuso a acompañar a Crystal en su plácido sueño.
De pronto y sin necesidad de la aparición de una temática previa que los llevara a ese dialogo, ella preguntó: ¿Por qué te fijaste en mí? ¿Por qué te intereso tanto? A lo que respondió: Hubo tanto en tí que buscaba, que el no maravillarme fue imposible. Primero tu alegría, el raro virus que tienes propagador del gozo. Tu sonrisa inagotable, ese esbozo de júbilo que me animaba desde tu rostro. Luego fueron ese par de encantos que tienes por ojos. Tú mirada apacible, tranquilizadora, un atisbo que recuerda como observan al amado. Recuerdo la primera noche que pensé en ti, eras como un sueño aún estando despierto. Era ilusionarme con tus manos que yo como espantajo jamás podría asir. Era mandar besos al viento imaginando tener tu mejilla al frente. Después me deleitó tu cuerpo al mostrar sus provocativas líneas que lo hacían irresistible. De un instante al otro, surgió dentro de mí la más sublime felicidad que mi ser haya experimentado, la que me impulsaba a ti, la abría mi boca para expresar admiración, la que… -Crystal quedo acurrucada entre los brazos de Morfeo, sin embargo, su compañero, abordado por la impotencia y por sollozos incontrolables, continúo diciendo:…me llevo a amarte. ¡Cuanto te amo! Eres para mí el universo infinito. Entre lágrima y gemido, su acompañante susurro una historia al oído de Crystal…
Allá, a la mitad de la mesa, un vaso color azul pastel, lo acababan de llenar con agua. Con el calor que hacia era indispensable refrescarse. Su madre, se ofreció a servir los hielos mientras Crystal llenaba más vasos, termino y se retiro a su cuarto, tenía trabajo pendiente. Por su parte la sobrante se quedo, tomo su vaso, se acerco a la tarja y se sentó sobre de ella. Apenas dio un sorbo al agua cuando retiro su vaso sorprendida y asqueada, se había percatado que dentro de un cubo helado había un pequeño insecto de muchas patas. Se levanto y tiro eso por la coladera, los hielos seguían allí, eran lo bastante grandes como para no caber por ese agujero. Crystal tenía la curiosidad de saber que se había interpuesto entre su sed y un sabroso vaso de agua. Se acerco y dio cuenta que aquello no era un horrible bicho, era negro y tenia forma de una pequeña flor. No lo podía creer. Abrió la llave del agua caliente para derretir aquello, y saber rápidamente de que trataba todo. Conforme el agua causaba estragos sobre aquel ya deforme cubo, los pétalos de la pequeña flor se iban agrandando. Suponía que con el frió las plantas podían encogerse entonces todo aquello podría tener un sentido lógico. Cuando el bloque de agua termino por deshacerse, la flor estaba enorme, media unos 25 o 30 centímetros, era una rosa de color negro. La retiro de la tarja y se la llevo a la mesa que estaba junto. Arrimo una silla y se puso a contemplarla. Tenía tantas dudas y estaba tan maravillada que olvido hablar a todos para contarles. Apenas pronuncio palabra, gritó a su familia que estaba regada por toda la casa, nadie se acercó pero le importo poco. ¿Qué aroma tendrá?, preguntó. Se reclinó un poco y pronto percibió su olor, era chocolate. No pudo evitarlo y rápido zambullo sus dientes en la flor. Sabia muy bien, era muy dulce, pero no empalagosa, sabia a nuez, a leche, cacao, a almendra y café, a miel con vino tinto, sabía a todo. Conforme deleitaba el bocado los braquetes de Crystal se fueron desprendiendo uno a uno, al tiempo que las molestias se desvanecían. La mordida a la flor había retirado todas las molestias de su boca.
…las lágrimas sosegaron y el acompañante agotado se dispuso a acompañar a Crystal en su plácido sueño.
Tercera noche
¿Nos dormidos?, Crystal dijo de antemano lo que pensaba hacer en la cama. Se vistió con su pijama y acerco más cobijas mientras quien la acompañaba trataba de entablar una conversación de temática central: los sentimientos de ambos. Hablaba, hablaba y hablaba, como esa vieja canción que se repite en la radio tantas veces, que en un solo día vuelve a pasar de moda, pero que sin embargo, se deja escuchar por no haber otra cosa mejor. Crystal quedo dormida.
Sentada, en una esquina cercana al escusado, se dolía de un trío de incisiones que tenia en la punta del codo ¡Vaya, todo me pasa!, utilizando el índice y pulgar de la mano opuesta presiono la cortadura, broto de inmediato una pequeña gota verde con el interior transparente, una burbuja. ¿Qué me pasa?, ¿Me estaré pudriendo? Despacio, esa pequeña esfera comenzó a despegársele de la piel y comenzó a flotar. Lento, muy lento fue subiendo y acercándose cada vez mas al cuerpo de Crystal, rozó su abdomen y paso al medio de su pecho, esa forma verde era calida como una leve caricia. A la altura de su cara, se detuvo, pareciera que ese pequeño círculo analizaba a detalle algo en ella. La burbuja fue agrandando sus límites hasta que no soportaron más y explotó. Al mismo tiempo una de las tres heridas de su codo desapareció causando gran sorpresa en ella. Después, la mecánica se repitió…
Cuando pasaba esto, Crystal se avivaba después de un sueño profundo. Notó como esa historia continuaba ya despierta en la voz de su acompañante. No abrió los ojos, siguió fingiendo estar dormida y escuchó atentamente como el joven continuaba narrando.
…otra burbuja salió de su codo, en esta ocasión de color anaranjado. Al estar frente a ella se infló lentamente y al tener sus horizontes delgados, sin más capacidad para el aire interior, tronó. Una burbuja más broto de la única herida que le quedaba. Era transparente. En esta ocasión no se detuvo hasta sus ojos, sino unos centímetros antes, justo al costado izquierdo del pecho, enfrente del corazón. La burbuja estalló y la brisa que sobro de ese colapso expiro un aire perfumado, tan símil a aquel perfume que uso yo…
¿Por qué me cuentas esas historias?, preguntó Crystal aún sin abrir los ojos ¿Por qué me has hecho soñar esas cosas? A lo que el joven respondió tímidamente. Inventaba las historias pues pienso que al contártelas al oído mientras dormitas puedo causar alguna mejoría en tus malestares. Alguna vez escuché que hablando por ejemplo, con una persona adicta al tabaco sobre todas las ventajas que le traería dejar de fumar podría influir en su decisión de un día dejar de hacerlo. Yo trataba mitigar de alguna forma esas molestias de tu cuerpo y explotaba mi imaginación para que tus quimeras siguieran siendo creíbles dentro se contexto irreal y abstracto. No quería que te dieras cuenta, solo trataba de hacer de tu sueño, mi sueño. Lograr a través de ellos lo que mas deseo, tu bienestar.
Sentada, en una esquina cercana al escusado, se dolía de un trío de incisiones que tenia en la punta del codo ¡Vaya, todo me pasa!, utilizando el índice y pulgar de la mano opuesta presiono la cortadura, broto de inmediato una pequeña gota verde con el interior transparente, una burbuja. ¿Qué me pasa?, ¿Me estaré pudriendo? Despacio, esa pequeña esfera comenzó a despegársele de la piel y comenzó a flotar. Lento, muy lento fue subiendo y acercándose cada vez mas al cuerpo de Crystal, rozó su abdomen y paso al medio de su pecho, esa forma verde era calida como una leve caricia. A la altura de su cara, se detuvo, pareciera que ese pequeño círculo analizaba a detalle algo en ella. La burbuja fue agrandando sus límites hasta que no soportaron más y explotó. Al mismo tiempo una de las tres heridas de su codo desapareció causando gran sorpresa en ella. Después, la mecánica se repitió…
Cuando pasaba esto, Crystal se avivaba después de un sueño profundo. Notó como esa historia continuaba ya despierta en la voz de su acompañante. No abrió los ojos, siguió fingiendo estar dormida y escuchó atentamente como el joven continuaba narrando.
…otra burbuja salió de su codo, en esta ocasión de color anaranjado. Al estar frente a ella se infló lentamente y al tener sus horizontes delgados, sin más capacidad para el aire interior, tronó. Una burbuja más broto de la única herida que le quedaba. Era transparente. En esta ocasión no se detuvo hasta sus ojos, sino unos centímetros antes, justo al costado izquierdo del pecho, enfrente del corazón. La burbuja estalló y la brisa que sobro de ese colapso expiro un aire perfumado, tan símil a aquel perfume que uso yo…
¿Por qué me cuentas esas historias?, preguntó Crystal aún sin abrir los ojos ¿Por qué me has hecho soñar esas cosas? A lo que el joven respondió tímidamente. Inventaba las historias pues pienso que al contártelas al oído mientras dormitas puedo causar alguna mejoría en tus malestares. Alguna vez escuché que hablando por ejemplo, con una persona adicta al tabaco sobre todas las ventajas que le traería dejar de fumar podría influir en su decisión de un día dejar de hacerlo. Yo trataba mitigar de alguna forma esas molestias de tu cuerpo y explotaba mi imaginación para que tus quimeras siguieran siendo creíbles dentro se contexto irreal y abstracto. No quería que te dieras cuenta, solo trataba de hacer de tu sueño, mi sueño. Lograr a través de ellos lo que mas deseo, tu bienestar.
domingo, 3 de febrero de 2008
...
En mi soledad de nueve a doce de la noche
no hago otra cosa que pensarte.
Ver nuestras fotografías
y repasar recuerdos
para sentirme tu acompañante.
He deseado tantas noches
entrar a la habitación
y hallarte postrada sobre mi cama.
Mi cielo, mi vida,
la inspiración.
Daría lo que fuera por volver a tenernos cerca.
Por que de nueve a doce
pudiéramos estar platicando sobre tú y yo,
haciéndote ver estrellas
sin salir nunca de nuestro amor.
Alejandro Santiago
no hago otra cosa que pensarte.
Ver nuestras fotografías
y repasar recuerdos
para sentirme tu acompañante.
He deseado tantas noches
entrar a la habitación
y hallarte postrada sobre mi cama.
Mi cielo, mi vida,
la inspiración.
Daría lo que fuera por volver a tenernos cerca.
Por que de nueve a doce
pudiéramos estar platicando sobre tú y yo,
haciéndote ver estrellas
sin salir nunca de nuestro amor.
Alejandro Santiago
Cómica declaración de amor
A veces me resulta increíble haber vuelto a creer en el amor. Yo, que pensaba que aquel sentimiento era la sensación que tenían los gatos en celo. Yo, que según era un despreciado por el mundo, que juraba volverme misógino o gay con tal de no volver a tener contacto con mujeres. Yo que no cumplí. Pero es que he conocido a una mujer extraordinaria. No tiene los atributos físicos de Pamela Anderson o Ninel Conde pero es más bella. No es tan platicadora como Elena Poniatovska ni tan famosa como Sor Juana, pero es mas interesante y mas lista que aquellas ingratas. Creerán que exagero, pero con mis ojos, con mi entendimiento no puedo verla de otra forma. Ella es para mi poesía pura.
Aún más increíble me resulta el hecho de que ella se haya enamorado de mí. Si soy una garrapatita fea que nadie quiere. No soy guapo, lo reconozco. ¿Y que? A veces la fealdad que se lleva fuera se compensa con la belleza interior, bueno, así me doy ánimos. A ella no le importó mis dos metros de atolondramiento. No le imporóo que dos dientes no me hayan crecido ni la caspa que me sale por nerviosismo. No le importo mi andar desigual y mis pies enormes. No le importo que me parezca a Shreck, ni que sisee cada que menciono una palabra con S. Quizá todos ahora tengan una imagen de mí muy repugnante. Quizá ahora me imaginen como un jorobadito pero más feo y más sin chiste. Y lo soy. Soy el reflejo de cualquiera en los días de desanimo. Soy la chica guapa despeinada y sin maquillaje con una resaca casi fatal después de levantarse. Soy una reconstrucción facial mal hecha. Soy.
Amo a Crystal, con todo lo que ello implica. Sus sonrisas, su trabajo, sus zapatos de danza, su mugre en las uñas, su mirada, su familia, sus tenis rotos, sus recuerdos, su aroma, su nostalgia, su cualquier cosa. La amo incondicionalmente y mientras la vida me permita seguir amaneciendo a su lado, no importa que lo haga cada día como un Gregorio Samsa, seguiré siendo una garrapata muy fea, pero feliz.
Aún más increíble me resulta el hecho de que ella se haya enamorado de mí. Si soy una garrapatita fea que nadie quiere. No soy guapo, lo reconozco. ¿Y que? A veces la fealdad que se lleva fuera se compensa con la belleza interior, bueno, así me doy ánimos. A ella no le importó mis dos metros de atolondramiento. No le imporóo que dos dientes no me hayan crecido ni la caspa que me sale por nerviosismo. No le importo mi andar desigual y mis pies enormes. No le importo que me parezca a Shreck, ni que sisee cada que menciono una palabra con S. Quizá todos ahora tengan una imagen de mí muy repugnante. Quizá ahora me imaginen como un jorobadito pero más feo y más sin chiste. Y lo soy. Soy el reflejo de cualquiera en los días de desanimo. Soy la chica guapa despeinada y sin maquillaje con una resaca casi fatal después de levantarse. Soy una reconstrucción facial mal hecha. Soy.
Amo a Crystal, con todo lo que ello implica. Sus sonrisas, su trabajo, sus zapatos de danza, su mugre en las uñas, su mirada, su familia, sus tenis rotos, sus recuerdos, su aroma, su nostalgia, su cualquier cosa. La amo incondicionalmente y mientras la vida me permita seguir amaneciendo a su lado, no importa que lo haga cada día como un Gregorio Samsa, seguiré siendo una garrapata muy fea, pero feliz.
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